Elevar un gran vino a una forma de expresión artística.
Recuperar el terruño de Otazu para volver a situar nuestros vinos en el mapa de los grandes vinos de España y del mundo; a la vez que reforzamos el vino como cultura.
Ser reconocida como la bodega que fusionó los grandes vinos con el arte contemporáneo.
Excelencia · Generosidad · Familia
Una visión generacional
Cuando la familia Otazu llegó a este rincón de Navarra, encontró algo que no buscaba: un enclave de una belleza y un potencial que resultaba imposible ignorar. Un microclima único protegido por la Sierra de Sarbil, y una bodega histórica de 1840 que guardaba siglos de memoria vitivinícola. "El viñedo nos eligió a nosotros", diría Guillermo. Y así comenzó todo.
Desde entonces, la misión fue recuperar una tradición que se había interrumpido en 1890 y proyectarla hacia el siglo XXI. No solo replantando viñedo, sino reimaginando qué podía ser Otazu: un lugar donde el vino, el arte, la naturaleza y la historia convivieran como un todo coherente.
Guillermo Penso — ingeniero en nanotecnología, filósofo en formación, MBA por HEC París y Tsinghua — encarna esa síntesis. Bajo su dirección, Otazu logró en 2009 la Denominación de Origen Pago, fundó la Fundación Otazu en 2016, recibió el Premio 'A' al Coleccionismo de ARCO en 2020, y hoy es el único mecenas en España que une arte y vino de forma permanente y estructural.
