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Un lugar donde el arte y el vino se armonizan

Fundación Otazu · Establecida en 2016

Más de 150 obras de arte donde nace el vino

La Fundación Otazu nace en 2016 con el objetivo de gestionar y dirigir las actividades del centro de arte ubicado en Otazu, Navarra. Encargada de conservar y exhibir una de las mayores colecciones de arte contemporáneo de España en el marco de un paraje singular y cargado de historia y que, a su vez, propone un rico programa de actividades artísticas.

La Fundación sienta las bases de una misión artística al servicio de la sociedad y del entorno, con el objetivo de impulsar esta inercia dinámica, creando valor a partir de la reflexión sobre la ecuación de sostenibilidad con el entorno y la creación artística como uno de los motores de innovación social.

«Crear un vino es una forma de expresión artística y, al igual que el arte, es un reflejo de su tiempo con una mirada al futuro.»

Guillermo Penso · Presidente de la Fundación Otazu

La colección

La Fundación Otazu desarrolla un amplio programa artístico y curatorial en torno a la creación, conservación, investigación y difusión de su colección de arte contemporáneo.

Su actividad incorpora una clara dimensión educativa y de mediación, con programas dirigidos a públicos diversos. Junto con la organización de exposiciones y proyectos curatoriales, la Fundación promueve el préstamo de obras de su colección a museos y centros de arte para su participación en exposiciones nacionales e internacionales, contribuyendo así a ampliar la visibilidad y el reconocimiento de los artistas representados.

En 2020, la Fundación Otazu recibió el Premio "A" al Coleccionismo de ARCO, considerado el máximo reconocimiento al coleccionismo privado en España.

Sala de Barricas — Fundación Otazu
Ariadna de Manolo Valdés
Obra Tiempo de Hans-Peter Feldmann
Espacios de arte de la Fundación Otazu

Los artistas

Arte que sólo puede entenderse aquí

Más de tres décadas de colaboraciones que han transformado Otazu en uno de los proyectos de arte y vino más singulares del mundo.

El vínculo de Otazu con los artistas se extiende por todo el territorio. Manolo Valdés lo inauguró con Ariadna, la escultura monumental que se convirtió en la imagen de la gama Otazu. Xavier Mascaró llegó después con sus Guardianes, piezas de hierro que se oxidan al aire libre y cambian con el tiempo, como el vino. Alfredo Jaar, Carlos Cruz-Diez, Asier Mendizabal o Héctor Zamora: cada uno ha dejado una huella permanente en el paisaje.

Las colaboraciones adoptan múltiples formas: etiquetas concebidas como obras gráficas, instalaciones site-specific en el viñedo, performances realizadas durante los Art Weekends y esculturas creadas para la Bienal de Escultura Monumental, que pasan a integrarse de forma permanente en el paisaje. A ello se suma Genios, un proyecto en el que artista y enólogo trabajan conjuntamente desde la vendimia hasta la concepción final de la botella.

Guardianes, de Xavier Mascaró, ante el viñedo de Otazu
Ariadna, de Manolo Valdés

Algunas de las colaboraciones

Manolo Valdés

Manolo Valdés

Guardián I y Guardián II

Xavier Mascaró

Xavier Mascaró

Vitral de Otazu

Alfredo Jaar

Alfredo Jaar

El color de nuestras vidas · I Bienal

Asier Mendizabal

Asier Mendizabal

Crudo zarzo · II Bienal

Héctor Zamora

Héctor Zamora

Movimientos emisores de existencia

Hans-Peter Feldmann

Hans-Peter Feldmann

Tiempo · III Bienal

Tony Orrico

Tony Orrico

Artist Series #2 y #6

Carlos Cruz-Diez

Carlos Cruz-Diez

Vitral de Otazu